Las maestras Laura (música) y María Albert (tutora de 3 años A) viajamos el pasado mes de mayo a Bélgica para poder llevar a cabo un “job shadowing” (aprendizaje por observación) en la escuela “Go! Bassischool Der Schorre”, localizada en Puurs-Saint Amands.
Esta escuela está situada en la región rural de Flandes y, debido a su reducida cantidad de alumnado, han puesto en marcha una modalidad de enseñanza innovadora que consiste en agrupar varios niveles educativos en grandes grupos de cotutoría y coeducación; el sistema que han implantado se asemeja a las aulas unitarias tan comunes en nuestra realidad rural, pero siendo el nº de alumnos por clase mucho mayor y siendo una novedad en la masificada y densamente poblada Bélgica.
Hemos podido observar de primera
mano la realidad de la educación pública en Bélgica, y hemos traído muchas
ideas asequibles, sencillas y eficaces que se pueden implementar en el CRA La
Villa de cara al curso que viene y a cursos venideros para la gestión emocional
del alumnado, para vincular más el aprendizaje al movimiento, para facilitar la
tarea a tutores y especialistas, para trabajar las TICs de nuevas maneras…, y
un largo etcétera.
De todo lo observado y aprendido y aprendido durante nuestra estancia en Bélgica nos quedamos sin duda alguna con las enseñanzas del ambientólogo Ragnar, un hombre muy sabio con una amplísima experiencia profesional renaturalizando espacios infantiles. Gracias a Ragnar aprendimos la necesidad urgente (y más aún en España) de reverdecer los patios escolares que habitan nuestros niños para evitar problemas de salud, de atención y de concentración debido a las altas temperaturas que podemos llegar a alcanzar en las aulas y que nuestros pequeños sufren cada vez con más frecuencia.
Las horas que nos dedicó para enseñarnos cómo había creado una isla de salud y bienestar en medio del entorno urbano a través de la vegetación fueron muy enriquecedoras y han impulsado que, a partir del curso que viene, inauguremos una nueva comisión entre el profesorado para poner en marcha las medidas medioambientales y sostenibles que hemos aprendido: la Comisión Verde.
Nuestra observación del sistema educativo belga ha estado llena de luces pero también hemos vislumbrado alguna que otra sombra. Una de ellas, la más alargada, ha sido la atención a la diversidad y la inclusión: el individualismo belga también puebla las aulas y el profesorado se encuentra totalmente desamparado por las instituciones ante la discapacidad: los colegios no están provistos ni de rampas ni de ascensores para garantizar la accesibilidad, y figuras como los Asistentes del Lenguaje o los Pedagogos Terapéuticos apenas existen en el entramado público: si un niño posee cualquier tipo de diversidad funcional está totalmente abandonado por el gobierno belga, y depende totalmente de la buena voluntad y del buen hacer de sus maestros y de las posibilidad económicas de sus padres para salir adelante con ayuda especializada (y privada).
Otro punto flaco del sistema
belga es su incorporación al mercado laboral educativo. Al no existir ni
concurso de oposiciones ni concurso de traslados, ni sexenios ni trienios ni
nada que se le parezca, el profesorado se incorpora al mercado laboral mediante
entrevistas de trabajo independientemente de si trabajan en la escuela pública,
concertada o privada y, una vez adquieren el trabajo, es muy difícil que lo
pierdan.
Aunque puede parecer idílico lo cierto es que genera una situación complicada, donde los maestros no tienen ningún incentivo para mejorar o actualizarse, y el sistema depende íntegramente de la buena voluntad de su personal por seguir formándose y por seguir aprendiendo, provocando que muchos maestros se estanquen, den clase con metodologías o recursos obsoletos y no estén tan formados como el profesorado español en materias como las TICs, metodologías activas de enseñanza o la inclusión que ya hemos mencionado previamente.
Nuestra experiencia en Bélgica ha sido profundamente enriquecedora, tanto para nutrirnos de ideas nuevas con las que llenar nuestras aulas como para valorar y agradecer lo que ya tenemos en España.
No solo observamos cómo trabajaban: también explicamos al profesorado belga cómo funciona el sistema educativo español y cómo trabajamos en el CRA La Villa y realizamos unos talleres con el alumnado belga para introducirles la cultura española a través de presentaciones, bailes, ritmos, canciones y manualidades. Lo disfrutaron mucho y pasamos unos ratos muy divertidos.
¡Estamos deseando poner en marcha
lo aprendido el curso que viene y los años venideros!
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